Ángeles, Arcángeles y Diablos (I)

No estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero lucharé hasta la muerte para que nadie le impida decirlo.  ~Voltaire~

Hace hoy una semana comencé a escribir mi artículo anterior (13/11/2015 21:30) sin saber todavía la pesadilla que estaba padeciendo París, la capital de nuestro vecino de al lado.  Durante esta, personalmente, durísima semana he sabido que quería escribir sobre la locura de Daesh, pero no sabía cómo lo iba a enfocar, porque tanto es el material, que me daría por lo menos para un libro.

Me siento muy triste, esto a mí me toca el alma porque, entre otras cosas, mi década de residencia liberty-cryingen Londres me regaló un MBA en el conocimiento y encariñamiento hacia tantas personas de todo el mundo, razas y credos que he llegado a conocer y con los que en algunos casos también he convivido.  Mi visión global tiene un zoom diferente al de muchas otras personas que no se abren a las “diferencias”, gracias a Dios, Inshallah.  Cuando paso ratos de mi vida con cualquiera que éste sea, veo a cada ser humano como lo que es: uno más de mi especie, con sus alegrías y sus tristezas, personales e intransferibles y sus costumbres enriquecedoras o no, porque no olvidemos que dentro de nuestra especie definitivamente hay ángeles, arcángeles y también hay diablos (con un amplio abanico de rangos: el chorizo de la esquina o el chorizo ibérico pata negra del gobierno, los asesinos en serie, pederastas, los padres que llevan a sus hijas a ser mutiladas y un largo etcétera en todos los rangos sociales, razas, credos e incluso profesiones).

… Y veía el fabuloso programa de Jordi Évole y su equipo en el campo de refugiados en Zaatari, Jordania: “Sin noticias de Europa” (que lo recomiendo a todos encarecidamente) y recordaba con el corazón encogido a Mamajoon (mamá querida (joon = جان), en el idioma farsi). La recordaba en las palabras de ese sabio agricultor sirio que sale en el programa.

Queen Homaira of Afghanistan, in a fashion show in Kabul, Afghanistan in the 70's

Reina Homaira de Afganistan en un pase de modelos en Kabul, principios de los 70.

Mamajoon, aquella bellísima madre afgana, con un cabello lleno de preciosos bucles naturales, que adopté voluntariamente como madre  algo más de año y medio (1987).  Una mujer con la sonrisa más adorable y los ojos más brillantes que les haya visto a pocos adultos, cuando me hablaba de su tierra. Esa tierra que, imagino, no volverá a ver jamás cara a cara… y yo le pedía que me contara historias de #Vida, como de niña le pedía a mi abuelo historias de la #guerra civil española y, compartiendo un té, ella me contaba historias de cuando Kabul era una ciudad especial y las mujeres no eran sacos andantes, todavía… y, me hablaba de su casa, de su jardín y, me enseñaba alguna foto que se había podido traer con ella y sus 6 hijos a Londres. Cuando se metía bien en tema, también me hablaba de todos los pretendientes que tenía de joven y yo, pícara le tiraba de la lengua, porque merecía la alegría verla y Mamajoon siempre decía: “pero me enamoré del que no tenía ni oro, ni joyas que ofrecerme.”, mirándolo a él con cariñosa complicidad. Y ¡Menos mal que lo hizoKabul Mamajoon! porque ese pobre jovencito fue el que años más tarde la puso a salvo en un avión con toda la troupe de niños que ya habían tenido y los envió hacia la vieja Europa cuando la guerra afgano-soviética (1979 – 1989) estallaba sus vidas de cabo a rabo. Su marido y padre de esos 6 niños se quedó cuidando de los abuelos y, cuando ya no hubo más abuelos de los que cuidar, cruzó a lomos de un burro cada una de las montañas que separan Afghanistan de Turquía (con Irán de por medio) y desde allí huyó a Londres para reencontrarse con su familia querida y numerosa. Cuando ella hablaba de esto conmigo, esa guerra todavía se sucedía y ella ya llevaba 8 años en un país cuya lengua no hablaba, porque tal era la cruz interior que acarreaba, que no quería ni salir de casa, a no ser que fuese a visitar a sus compatriotas para juntos recordar su tierra, su patria (eso que tanto asusta en España) o para ir con sus hijos al mercado.  Personas adorables, hospitalarias como pocos, padeciendo en sus carnes y alma las locuras que organizan los hombres.

00008_11, AFGHN-12691NF2, Kabul, Afghanistan, 2002. Girl Between Two Women in Bazaar.<br /> final print_Beetles and Huxley<br /> retouched_Sonny Fabbri 03/18/2014<br /> MAX PRINT SIZE: 20x24

Kabul, Afghanistan, 2002.

El día 14, después del atentado de París el mundo entero comenzó el luto y la verborrea… unos desolados compartiendo el dolor de las víctimas, otros despotricando fuera de lugar y momento: “porque claro es que parece que hay muertos de primera y segunda división… ¿es que la vida de los niños de xxx vale menos que la vida de los niños europeos?” Pues no, estoy convencida de que todos tenemos el mismo valor ante los ojos del Todopoderoso, pero lamentablemente no ante los ojos de según que hombres, porque estos se mueven por intereses propios y, la cultura Occidental hace tiempo que le dio la espalda a Dios y, así nos luce el pelo. Además, no olvidemos que siendo una especie mamífera, somos seres de grupo y es natural que nos golpee más directamente las entrañas que muera uno de nuestros hijos que el hijo del vecino del quinto (por decirlo de alguna manera). Es triste, mucho, pero así es.

Y nos guste más, menos o nada en absoluto, la vida continuará y, entre los noticieros que vayan de horror en horror, seguirán inyectando sobredosis de hipnotizantes a los occidentales enganchados a la caja tonta: compre esto, lo otro y lo de más allá, porque así será el más guapo, el más estupendo y superior a todos los demás, no envejecerá jamás y tendrá la vida eterna.” e iremos a ¡comprar, comprar y comprar! porque si no tienes esto, lo otro o lo de más allá de, por supuestísimo, última generación no eres para nada güai. La mayor parte de la sociedad occidental ha perdido los valores, la espiritualidad y ahora los trabajos y no es de extrañar que cuando el manto frío de la muerte nos cubra lo veamos como whoops! ¡toda una novedad! ¡qué injusticia, nadie nos había avisado! ¿dónde ponemos la queja y a quién le pedimos responsabilidades o dimisiones?a nosotros mismos.  Casi nadie está preparado para afrontar su propia muerte, porque entre tanto shopping spirit se les ha ido olvidando el verdadero sentido de la vida y mientras, grupos de locos radicales que matan según ellos en nombre de Allah (¡menuda prepotencia!) y reclutan y lavan el cerebro de sus niños, ya están entre nosotros, en nuestrosDaesh child barrios, en nuestros edificios, en la Europa de Voltaire, Rousseau, Montesquieu, Benito Spinoza, etc. porque la mayor parte de la población occidental de a pie es un conjunto de autómatas hipnotizados por el dios de los placeres terrenales y poco más.

Entre 2001 y 2004, mi madre me dejó el primero de los libros de la última trilogía de Oriana Fallaci, “Rabia y orgullo”.  La gran Oriana, a la que muy pocos en Occidente escuchamos y cuyas “profecías” se han ido cumpliendo una tras otra con puntualidad británica. Entonces, no pude terminármelo, lo tuve que aparcar porque me estaba creando un rechazo grupal que no quiero en mi Vida, porque yo sé que en el mundo hay ángeles, arcángeles y también diablos y, por mucho que el mantra más habitual de mi abuelo querido fuese: “hay hijicas, que nunca viváis una guerra.“, creo que los diablos hay que combatirlos de raíz porque de nada sirve barrer bajo la alfombra, que es lo que los dirigentes de los países occidentales han estado haciendo hace mucho y por intereses propios.

Tanto Oriana Fallaci como Arturo Pérez-Reverte nos han ido avisando a lo largo de los años, de las décadas.

Aquí comparto tres artículos de Arturo Pérez-Reverte, por si os queréis informar a través de las palabras de un hombre que vivió muchos años en muchos campos de batalla, luchando con su libreta, lápiz y cámara para que la sinrazón fuera conocida aquí. ¿Cuándo vamos a despertar de una vez por todas de nuestra estupidez integral?

La Paz se gana, nadie la regala, porque el mal existe.Europa a lo largo de los siglos ha derramado mucha sangre en pro de la Paz y la Libertad; que nadie nos la quite, pero no seamos ingenuos, que vivir en Paz conlleva estar rodeado de seguridad y si es necesario combatir. ¿Por qué sino van armados los arcángeles? ¿Por qué sino duermes con las puertas y ventanas de tu casa cerradas a cal y canto?

Dijo Buda: “Desea lo mejor pero prepárate para lo peor.”

No seamos hipócritas.

Lamentablemente, continuará…

 

 

 

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