Emprendiendo – Capítulo I

Me llamo María J. Sesma y nunca estuve de acuerdo con Calderón, pues para mi “los sueños NO solo sueños son”.  La (rebelde) mediana de tres hermanas.  Vi la luz por primera vez en Zaragoza y allí estuve hasta que en 1986 decidí independizarme.  Siempre fui una chica inconformista, activa, curiosa con los secretos que la vida todavía me ocultaba, muy positiva y estudiante distraída 😉 …   Tan solo tenía 20 años y tal y como siempre fue norma en mí, mis planes superaban en pasión a los miedos, así que me fui a Londres.

100 Libras esterlinas en el bolsillo y una maleta perdida… así llegué.  Por alguna razón, el Universo nunca simplificó mi camino… Me había organizado una estancia de 6 meses como aupair a base de ahorrar propinas.  Cuidaba niños y hacia todo aquello que se requiriese en la casa. O sea, que me pegaba el día planchando, limpiando y atendiendo a dos adorables mocosas grecochipriotas y a sus progenitores… Como mis planes aspiraban a ser algo más variados que todo lo anterior, me matriculé en clases de inglés en el Ealing Broadway College.

Aunque la vida en Londres es dura y más yendo en esas condiciones, decidí que iba a quedarme “un ratico más”, sentía que de alguna manera tenía delante de mi un mundo de oportunidades y ¡allí se fue desarrollando la siguiente década de mi vida! Sin esperar demasiado tomé la decisión de clausurar mi etapa “aupair-ina” que, aunque corta, me había aportado ya mucho aprendizaje y anécdotas de vida y, me busqué una habitación y otro trabajo.  Alquilé una habitación con cocina incorporada dentro y baño a compartir con unas chicas que jamás conocí  porque ni siquiera devolvían el saludo por las escaleras. Pero estaba comenzando otra época y estaba decidida a saborearla con la mejor de las sonrisas.  La electricidad funcionaba con un contador al que si no alimentabas con monedas de 1 libra esterlina, no funcionaba.  Él me enseñó lo caro que es secarte el pelo… y de hecho ¡nunca lo he olvidado! Conseguí rápidamente un trabajo de camarera en Deep Pan Pizza.  Ganaba muchas propinas que cantaban orgullosas en mi delantal y me lo pasaba bien, pero mi pelo no parecía querer desprenderse de ese fuerte olor a queso parmesano que se había instalado en él y decidí que había llegado el momento de buscar otra cosa, mariposa… Dejé la pizzería y comencé a trabajar en Deux Pigeons, una afrancesada cafetería con terraza en la agradable calle peatonal de entrada al Centro Comercial.  Allí aprendí a hacer los mejores capuccinos in town, que ni siquiera mi cuñado ha podido superar 😉

Un día, paseando en mi hora de la comida vi un cartel en la puerta de Benetton.  Necesitaban dependienta.  Como el cartelito aquel también había logrado instalarse en mi cabeza tal cual lo había hecho el parmesano… al día siguiente, sin más demora, pasé a entregar mi entonces todavía inexperto curriculum.  ¡Un día después me llamaron! … allí pasé mis tres años siguientes doblando jerseys, mejorando mis técnicas de venta y escaparatismo y quitando esta vez divertidos e inodoros pelitos de angora multicolor de mi cabello.  Recuerdo que en esa época, la bañera parecía United Colours todas las mañanas.  Era una alegre explosión de color para comenzar los días.

Un día una amiga me dijo: “estoy harta de ser aupair, así que estoy buscando trabajo fuera. Tengo dos entrevistas enfiladas.  Hoy una y pasado mañana otra.  Si me dan el trabajo mañana, ¿quieres ir tú a la entrevista de pasado? Es en Knightsbridge.”  

Dicho y Hecho. Así sucedió y así lo hice.

To be continued…

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